Como cada año las fiestas navideñas, nos cogen un poco con el paso cambiado, porque no hemos hecho una previsión sobre que medidas adoptaremos para que luego no nos pasen factura; pero no importa porque todavía estamos a tiempo.

Lo primero es sopesar que compromisos sociales más o menos ineludibles tenemos; comidas de empresa o de compañeros, de Nochebuena, de Navidad, de Nochevieja, de año Nuevo y a todas las que nos queramos apuntar. Bueno pues vamos a ser consecuentes y a no descontrolarnos como si no existiera un mañana.

Las fechas señaladas, como es lógico, haremos algún pequeño exceso, pero eso pequeño, ya que de lo contrario podemos perjudicar nuestra salud; así vamos a desglosar los potenciales factores que nos pueden desequilibrar:

  • Comida: Las comilonas pantagruélicas, creo que ya todos tenemos la experiencia de sus indeseables consecuencias, sensación desagradable de plenitud digestiva, auto-reprocharnos el haber comido tanto, e incluso llegar a la náusea o al vomito. Bueno pues de todo esto hay que olvidarnos; la comida es un placer y no un atiborrarse, debemos hacer que predomine la calidad sobre la cantidad, para lo que comenzaremos con unos caldos ligeros de verduras o una ensalada poco aliñada, podemos continuar con aperitivos desgrasados como espárragos (sin mayonesa), rollitos de jamón york con queso fresco, gulas con un toque de aceite de oliva…, como plato principal, es mejor el pescado que la carne, cocinándolo con poca grasa y preferiblemente asado, hervido, al papillote, a la plancha o a la sal. Y por último un postre de tipo sorbete, una macedonia de frutas frescas sin azucares añadidos o una manzana asada que puede servir de guarnición en algún plato o de postre con un toquecito de Oporto. En alguna noche especial podemos darle el remate del chocolate con churros.
  • Bebidas: Si parcos hemos de ser en el comer, tanto o más lo seremos en el beber.
    • Alcohólicas, una buena mesa con un buen vino es el mejor maridaje, pero debemos marcarnos el límite de una copa, completando la ingesta de líquidos con agua y no rematando la velada con más alcohol, sino con un San Francisco, un té helado o un café con hielo o caliente.
      • Como norma no tomar alcohol con el estómago vacío, no mezclar bebidas y no utilizarlas como desinhibidor para aumentar nuestra sociabilidad (normalmente aumentamos más nuestro ridículo, que nuestra simpatía).
    • Excitantes, con los que intentamos alargar la noche, no es lo más indicado, ya que hay ciertas bebidas como las llamadas energizantes que pueden darnos taquicardias, ansiedad, temblor de manos e incluso conductas un poco exaltadas (y más si se acompañan con alcohol).
  • Trasnochar o sueño insuficiente no es sinónimo de diversión ver amanecer, es cierto que una velada divertida o simplemente amena se puede prolongar hasta altas horas de la noche, pero es una consecuencia, no un fin. Sea como sea debemos procurar no ser deudores con nuestras horas de sueño, ya que el sueño perdido no se recupera, porque nos saltamos ritmos circadianos y el sueño a destiempo no es igual de reparador y se ha relacionado con tendencia a la taquicardia, hipertensión, insomnio de rebote, trastornos sicológicos, de memoria o de estrés, etc. Así, procuraremos hacer coincidir nuestro sueño con las horas nocturnas, evitaremos tomar excitantes para mantenernos despiertos y nunca pasaremos más de 18-20 horas seguidas sin dormir.
  • Cambios bruscos de temperatura es bastante típico que en estas fechas se dé el peregrinaje de casa en casa de familiares o amigos o a fiestas; lo solemos hacer con vestidos o trajes de noche, que no suelen estar pensados para los rigores del invierno y que por lo tanto pasemos de estar casi sudando a estar casi a bajo cero, que sin duda mina nuestra salud y puede conducirnos a los típicos catarros o enfriamientos que nos amarguen los días posteriores. Por lo tanto, además de la ropa fiestera, aprovisiónate de un buen abrigo, de unos zapatos de transición y de unos calcetines, gorro y bufanda de lana, que sino pega mucho y es poco fashion, si nos garantizará que no nos resfriemos y nuestro atractivo provenga de una buena salud.
  • Falta de actividad el que estemos en fechas festivas, no tiene porqué suponer el abandono de los hábitos saludables como es la práctica de deporte cotidiano, ya que tenemos el ejemplo de la San Silvestre que es una prueba deportiva y también se ha consolidado como tradición, que no quiero decir que la corramos, sino que la actividad física debe ser parte de nuestra vida navideña.
  • Y por último una miscelánea de excesos a evitar como someternos a ruidos traumáticos (petardos, discotecas estruendosas); ambientes cargados y contaminados (grandes aglomeraciones en sitios cerrados, humos de tabaco…), botellón, afterawers, sustancias de abuso, o actividades de riesgo que nos hacen rozar el límite.

 

Como última recomendación recordar la práctica del conductor alternativo, de forma que nunca conduzca alguien que no esté en perfectas condiciones. Y FELICES FIESTAS SALUDABLES